Y DIGO YO… Madre con los tacos puestos (III)

16/05/2016

Por Eloisa Tey, miembro de la junta directiva del Recreativo Portuense.

 

EL DIFÍCIL PAPEL DE LOS ENTRENADORES

 

Nuestros hijos conforman el “fútbol base” y la manera en la que la Federación tiene organizado el que practiquen este deporte es a través de la fórmula de competiciones territoriales en ligas en las que equipos de misma categoría juegan todos contra todos y existe, al final, un campeón. Por lo que el concepto de victoria alcanza un papel importante. Hasta ahí nada que objetar siempre y cuando ésta, la victoria, no sea un fin en sí mismo, sino el resultado de un trabajo, constancia, espíritu de sacrificio, compañerismo, etc. Introducir el espíritu de lucha para conseguir unos objetivos y el de competir, creo que es positivo. La victoria es importante, sí, pero no a cualquier precio.

Existen entrenadores, incluso clubes, que piensan que tienen en sus manos a hombres y que juegan en la 1ª División Nacional y así se comportan con los niños desde la banda cuando compiten. Incluso cuando cometen un error (están descolocados en el campo, realizan un mal control, una mala asistencia, fallan un gol, etc.) la reacción del entrenador es gritar o reñir. Esto genera nerviosismo, frustración e inseguridad en el jugador, incluso en el grupo, todo lo contrario de lo que el entrenador debe conseguir del jugador y por lo tanto esta actitud es reprochable. Debe ser todo lo contrario. El tono de voz debe ser bajo y amable, trasmitir la corrección del error y animar a que la próxima vez le saldrá bien. Es una responsabilidad muy grande la que tiene en sus manos.

El entrenador es el primero que debe comprender que a estas edades, si su cuerpo aún no se ha desarrollado, tampoco sus cualidades físicas y técnicas, o están jugando en posiciones que no son para las que potencialmente estarán capacitados. También los hay de carácter más y menos fuerte, incluso unos más maduros que otros. Está gestionando un grupo heterogéneo de jugadores. Todas estas características las debe tener en cuenta el entrenador para, en la medida de lo posible, ir fraguando el mejor jugador de fútbol que ese chaval podría ser y que nunca opte por la decisión de abandonar la práctica de este deporte porque el entrenador no ha sabido comprenderlo.

Durante la semana se trabaja, se corrigen errores, se practica técnica individual, se realiza preparación física y se prepara el partido del próximo fin de semana. Y durante éste el jugador debe sentirse a gusto y saber que el que está en la banda es alguien que lo conoce, lo comprende y le ayudará (ni le gritará, ni le reñirá ni lo humillará). Si no salen las cosas como se trabajaron, a continuar la próxima semana con paciencia y constancia. El entrenador/educador (por eso lo llamo así) no puede olvidar que tiene en sus manos a niños que están en una fase psicológica de tal fragilidad que cualquier fallo por nuestra parte puede repercutir en su futuro, ya no sólo como jugadores, sino como personas adultas en el futuro. De ahí que una buena Dirección Técnica del fútbol base de cualquier club debe tener estas cuestiones muy claras y elegir a entrenadores/educadores adecuados para nuestros hijos.