Y DIGO YO… MADRE CON LOS TACOS PUESTOS II

24/03/2016

Por Eloisa Tey, miembro de la directiva del Recreativo Portuense.

COMPAÑERISMO Y ESPIRITU DE GRUPO

El compañerismo y el espíritu de grupo fueron unos de los valores de los que hablé en mi artículo de debut en esta página de nuestro club. También comenté que los entrenadores en cuyas manos ponemos a nuestros hijos durante bastante tiempo, deberían llamárseles mejor “educadores”. El motivo es que este deporte (la práctica del fútbol en este caso) debería considerarse como una prolongación o actividad extraescolar de la formación que reciben en el colegio beneficiosa no solamente para su salud educación física. De ahí la importancia de esta figura del entrenador, que deberían ser personas con una formación adecuada a la función que realizan y no elegir a cualquier que esté disponible y lo desee. No obstante sobre este aspecto específico hablaremos más detenidamente en otra ocasión.

Si nos fijamos en cómo se comportan nuestros hijos en el campo, observaremos que tienen actitudes y comportamientos de aspectos superfuos de imitación a sus ídolos en los grandes equipos y que no se cansan de ver en la televisión. Intentan imitar regates espectaculares, celebraciones de goles, intentar engañar al árbitro falseando faltas, protestarle cuando no están de acuerdo con alguna decisión con la que no están de acuerdo, etc.

El fútbol, independientemente de que la calidad de unos jugadores sea mejor que la de otros, es un deporte de equipo y cada pieza tiene una función decisiva en la estrategia y la táctica para conseguir un objetivo que, independientemente del nivel de participación en ese partido, es fruto de todos. Incluso de los que no hayan jugado. De ahí que lo que primero que tiene que inculcar el entrenador/educador a nuestros hijos es que tengan claro que forman un grupo y todos deben tener ese concepto claro. Deben pensar así y coincidir en objetivos comunes, como conseguirlos y considerarse todos iguales e importantes para ello. Que el resultado sea el deseado o no, es otra cosa y no debe generar frustración, sino motivación para seguir trabajando y mejorando. Y por supuesto, la culpa de ello es de todos, no de tal o cual compañero. Esto nos lleva al espíritu de compañerismo. Deben de aprender que las decisiones que tomen en el juego van en beneficio de todos y no en satisfacer nuestro ego particular. ¿Cuantas veces vemos que una oportunidad de gol tiene más posibilidades de serlo con una asistencia a un compañero desmarcado, pero el egoísmo de meterlo uno mismo hace que esa acción se frustre?: muchas veces. Cuando se entrena periódicamente, se hacen las cosas como dice nuestro entrenador/educador y se ponen en práctica en el terreno de juego, todos (desde el portero al último suplente) se sienten partícipes, contentos y sobre todo se divierten. El fútbol, y más a este nivel, no deja de ser un juego para pasarlo bien.

No es la primera ni última vez que lo veo, pero es muy triste ver salir llorando, enfadados y cada uno por un lado a jugadores/niños, del campo porque han perdido un partido después de jugar bien, pero el otro equipo fue mejor. Es por ello que los padres deben de preocuparse de que nuestros hijos estén en las manos adecuadas que les inculquen estos valores de grupo y espíritu de compañerismo. Y que jugando al futbol no consigamos niños frustrados sino alegres y divertidos y que sepan que juegan con otro equipo, al que hay que respetar, y que unas veces se pierde y otras se gana.