Y digo yo…Ganando partidos, perdiendo valores

28/10/2015

GANANDO PARTIDOS, PERDIENDO VALORES…

Por Víctor Péculo Domínguez, Delegado del Recreativo Portuense Infantil A

A lo largo de mi vida me he topado con muchos tipos de entrenadores, llamados así por una gran mayoría pero que bajo mi parecer es un término algo equivocado.  Entrenador es el que tiene un grupo de personas a su dirección y les entrega unas nociones para mejorar sus cualidades en un tipo de deporte o actividad. El entrenador perfecciona, pule tus cualidades  y te prepara para competir, te hace sentir que puedes llegar a más y más, partiendo siempre de una base. El monitor tiene un rol más primario. Su objetivo no es hacer un Dream Team y quedar  campeones de liga con 170 goles a favor y 10 en contra, su objetivo es inculcar valores, inculcar una base para que el jugador vaya adquiriendo automatismos y vaya haciendo de lo desconocido algo común. En resumidas cuentas, el monitor educa, te enseña, te da valores. El entrenador coge esa base y partiendo de ahí, te prepara para llegar al máximo de tus posibilidades.

Desde pequeño he sido testigo, tanto en mi propia persona como a oídas de conocidos,  de anécdotas que no hacen más que reflejar que a la hora de llevar un equipo, no todo el mundo vale. Recuerdo que teniendo 16 años fui a probar a un equipo de mi ciudad. Directamente me mandaron al entrenamiento del equipo “B”. Me planté a la hora que me indicaron y tenían un partido de entrenamiento contra el infantil “A”. Me presenté al entrenador y su respuesta fue: “vente mañana que hoy tenemos un amistoso y no voy a poder meterte ni probarte”. Todo esto en pleno mes de Agosto en pretemporada.

Por cosas así, en esto del fútbol base encontramos un abanico de posibilidades a la hora de toparnos con un modelo u otro de “entrenador”: Encontramos al entrenador “titulitis”, que por tener una licencia federativa mayor que la tuya no te da derecho a opinar y aconsejarle en sus técnicas de aprendizaje; Encontramos al entrenador “Rocky Balboa”, que impone a los niños una serie de ejercicios sobrepasados y no acordes con su edad-desarrollo, creyendo que por mucha física que hagan el fútbol va a salir solo; También está el entrenador “megáfono”, que se piensa que por tener la voz para cantar en coros de carnaval y pegar 3 chillidos a un niño va a conseguir su respeto y admiración; Y también encontramos al monitor-educador, ese que coge un equipo de niños, repito NIÑOS, y les enseña valores de comportamiento, respeto a los rivales y al propio compañero, a hacer piña, a que lo importante es que se lo pasen bien, y si a todo esto le añadimos que desarrollan sus cualidades futbolísticas pues,  ¡Mucho mejor!

¿Qué quiero decir con esto? Que la persona que se hace cargo de tantos y tantos niños a la hora de  la verdad está desempeñando diversos roles: Por un lado monitor (aprendes con él lo que es el deporte), por otro educador (enseña valores de comportamiento dentro de un equipo) y por último a veces hasta hacemos funciones casi de padres o tutores de los niños. Tengamos en cuenta que un niño pasa toda la jornada matutina en la escuela. Luego llega a su casa donde come, estudia, y marcha al entrenamiento donde pasan 2 horas con nosotros. Una vez que acaban se duchan, llegan a casa, cenan, y tienen un rato para hablar de tú a tú con sus familiares. Algunos casi pasan más tiempo hablando y riendo con sus “entrenadores” que los propios familiares por desgracia pueden hacer. Muchos ni siquiera tienen esa oportunidad porque por horarios sus papás o mamás trabajan de tarde-noche y no pueden verlos entre semana lo que realmente les gustaría.

Dicho esto quisiera hacer reflexionar a todos aquellos que como yo tienen la suerte de tener a un maravilloso grupo de niños a su cargo. EDUCADLES, seamos realmente buenos en lo que tenemos que ser buenos, que el fútbol base no entiende de resultados pero sí de actitudes. Que más vale disfrutar y aprender con un míster al que respetas por lo que te enseña que porque te atemorice al darte tres gritos. Que si no se gana hoy por que las cosas no salen no importa: trabajo, trabajo y más trabajo y todo acabará llegando. Y jamás se te ocurra decir a un niño que es muy malo y que no vale para jugar al fútbol, porque en ese preciso momento te estarás delatando de que realmente quien no vale para enseñar fútbol eres tú.