Y DIGO YO…ÁRBITROS EN EL FÚTBOL BASE

04/11/2015

arbit

Árbitros en el fútbol base

Por Francisco Navarro Callealta “Xispi”. Miembro del departamento de prensa del Recreativo Club Portuense.

 

¿Se han parado ustedes a pensar alguna vez qué siente un joven árbitro? Me refiero a esos chavales con ilusión que quieren verse en la tele el día de mañana pitando un Madrid-Barça. No todos sueñan con ser futbolistas y muchos tienen los pies en el suelo, contrariamente a los padres que creen que su hijo será el nuevo Messi o el nuevo Cristiano. Los hay, creánme.

Son 11 años ya en este mundillo del arbitraje, viendo de todo un poco. Motivo por el que mejor contar o criticar aquello que creo que puedo hacerlo de modo constructivo, siempre mejor que hacerlo a maldad o desde el desconocimiento.

 

Este que escribe tiene solo 31 años, pero para el colegio de árbitros ya soy un viejo. Como lo leen, hasta los 27 años es el límite de edad ahora para ingresar. Servidor abandonó la federación por distintos motivos y al picarme el gusanillo de nuevo me encontré con la buena nueva de que ahora recortan la edad límite de ingreso, así como la política de ascensos beneficiando a los jóvenes, que sin apenas experiencia ascienden a categoría por año.

 

¿Problema de esto? Primero, se llega a regional sin apenas experiencia. De acuerdo que hay pocos árbitros o se ponen limitaciones para apretarle las tuercas a los que de verdad valen o quieren dedicarse a esto por algo más que dinero.

 

Segundo problema: ¿quién pitará el fútbol base si todo el mundo asciende tan pronto? ¿Se han pensado a parar desde la federación que si hay 200 árbitros de 30 años en 2ªB, nos quedaremos con menos gente que se coma los fútbol-7 a las 10 de la mañana?

 

Yo les responderé a esta última pregunta. Los fútbol-7 están quedando para nuevos ingresos, auxiliares y chavales que con toda la buena fe empiezan en esto. Pero como todo en la vida, si a un novillero le echan un morlaco de 500 kilos en una plaza de 30.000 espectadores lo más normal es que le tiemblen las piernas.

 

No pocos delegados o monitores en confianza me han contado lo mal que lo pasan para ayudar a estos chavales y no perder los papeles en los banquillos. Porque, a fin de cuentas, son humanos y la culpa no es de ellos sino de quienes no le dan una primera oportunidad como linier de infantil, que es lo primero antes que coger un silbato solo ante el peligro.

 

Por todo lo expuesto, cuando esos padres a los que mencioné al inicio de mi reflexión insulten o critiquen a un joven colegiado, pido por favor que piensen la situación en la que se ha convertido el colegio arbitral y que el menos culpable es quizá el árbitro, víctima de una política de ascensos desacertada que sufrimos todos: árbitros veteranos, entrenadores de chavales y los propios padres que se alteran demasiado.